Durante esta carrera de consultor me he encontrado en más de una ocasión con obstáculos serios derivados principalmente del poder. Me refiero al poder a la antigua. El poder que alguna gente tenía para dar órdenes y hacer que la gente le obedeciera. Esos “jefes” son los primeros en saltar en contra del cambio. Y es que el cambio hacia estas estructuras más eficientes requiere mucho más que “don de mando” o voz autoritaria.

El nuevo estilo gerencial necesario para funcionar dentro de la llamada “Clase Mundial” es casi diametralmente opuesto a esa imagen del látigo que conocí en mis tiempos de obrero hace más de 40 años.

Hoy es necesario percatarnos que los trabajadores ya no son nuestros “subordinados” como se decía el siglo pasado, sino ahora son nuestros “colaboradores” que es bastante diferente. Y con el propósito de hacer que nuestra empresa pueda cumplir con sus objetivos y permanecer competitiva, necesitamos que esos colaboradores realmente colaboren y para lograrlo se hace necesario rediseñar el proceso de comunicación. Necesitamos ya no ser jefes, sino auténticos líderes. Ser líderes significa ser capaces de lograr que cada individuo en nuestra organización se halle suficientemente motivado para hacer su máximo esfuerzo de manera espontánea sin necesidad de recibir órdenes. La función del líder ya no es la de mandar, sino la de proveer el ambiente adecuado, la capacitación y entrenamiento necesarios, los materiales y herramientas que se requieren y un aspecto muy importante: proveer el apoyo moral y el entusiasmo por lo que estamos haciendo.

Sin duda un cambio bastante drástico. La recompensa: quienes logren adoptar el nuevo estilo gerencial, estarán eliminando la principal causa de estrés que se conoce: la confrontación. Al no haber confrontación el ambiente se hará más amigable y positivo, favoreciendo la armonía y por ende la productividad que nuestros países necesitan.

Lamentablemente pasarán todavía varios años y veremos muchas empresas cerrar sus puertas antes que los jefes cambien o renuncien.

¿Qué podemos hacer?

  • Poner el ejemplo en cualquiera que sea nuestra posición dentro de la empresa.
  • Tratar a toda la gente con admiración y respeto. Esa es la nueva fuente de poder.
  • Actuar en vez de quejarnos.
  • Prepararnos al cambio y si la empresa en la que estamos no evoluciona, buscar alguna que sí evolucione y sea capaz de apreciar nuestra capacidad.

Hoy el mundo necesita LÍDERES, no se necesitan JEFES.

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