Según un reporte de noticias, una escuela privada de Washington se vio frente a un problema peculiar: un grupo de niñas de doce años se reunían en el baño de la escuela a ponerse lápiz de labios. El problema no era que las niñas usaran lápiz de labios, sino que después presionaban sus labios en los espejos del baño dejando docenas de pequeñas marcas de labios.

Todas las noches, el empleado de mantenimiento de la escuela debía limpiar los espejos, pero las niñas volvían a hacer lo mismo al día siguiente.

Finalmente, la directora de la escuela decidió que algo debía hacerse al respecto. Llamó a todas las niñas para una reunión en el baño e invitó al empleado de mantenimiento. Una vez en el baño, la directora le explicó a las niñas que las marcas de labios que dejaban en el espejo estaban causando un problema con el empleado de mantenimiento ya que él tenía que limpiarlos todas las noches.

Para mostrarles qué tan difícil era limpiar los espejos, la directora le pidió al empleado de mantenimiento que le mostrara a las niñas cuanto esfuerzo se requería.

El hombre tomó un limpiavidrios o espátula limpiacristales de mango largo, lo metió en el inodoro y prosiguió a limpiar el espejo.

Desde ese día dejaron de aparecer marcas de labios en los espejos de la escuela.

LA MORALEJA DE ESTA HISTORIA:

Existen los maestros y existen los Educadores.

Historia escuchada y compartida Joel Levitt, CRL, CPMM. El señor Levitt es Profesional Certificado en Gestión de Cambios por Prosci.

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